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Cuando el padre hace empresa, pero no forma a los hijos

Una historia para entender que, no basta con ser un buen empresario, primero es la familia. Lo demás, es lo demás.

Hace 60 años Raúl llegó a una barriada montando un triciclo en el cual llevaba 10 esteras hechas de carrizos y a su mujer con 6 meses de embarazo sobre ellas.

– “Aquí está la plata, negra. Aquí empezaremos vendiendo estas esteras para que los invasores armen sus casas”

Ella no lo creía, pero Raúl era de los que no escuchan, era sordo al desaliento de su mujer. Norma, su esposa, no sabía leer ni escribir y jamás aprendería a hacerlo.

Vendió las esteras y compró el doble. Cada vez más aventureros que llegaban de distintas partes se hacían clientes suyos. Las esteras se vendían sin esfuerzo y el capital se duplicaba.

Pronto Raúl adquirió materiales de construcción que las familias de más recursos solicitaban para edificar sus casas de ladrillo y cemento. 20 años más tarde tenía 8 hijos, 3 ferreterías, un depósito de materiales y estaba a punto de comprar su primer camión para transportar tubos de concreto.

Raúl no paraba de pensar una y otra vez: “Si con una mujer analfabeta, más mi tercer año de primaria elemental, logramos avanzar hasta donde estamos, pues quizá mis hijos yendo a la universidad van a llegar más lejos…”

Él siempre supo lo que “debían” hacer sus hijos: tenían que estudiar. “Tu administración” y “tu economía”, también un contador y un abogado. Así estarían conectados siempre a la empresa que estaba soñando. Pero el verdadero problema para Raúl estaba en lo que no sabía, en lo que hasta entonces ignoraba.

Pasaron 20 años y el imperio que había surgido bajo la dirección del padre, contaba con fábricas de tubos de concreto, 15 camiones, una cadena de ferreterías y propiedades en diferentes distritos. Pero todo funcionaría mientras el padre viva.

Raúl murió en casa de una de sus amantes sin la compañía de uno solo de sus hijos. En el transcurso de 4 años los hermanos hicieron trizas el gran activo que heredaron. Una serie de juicios por la posesión de los bienes y una mentalidad egoísta fue suficiente para traerse abajo el negocio. Lo que el padre construyó, los hijos destruyeron. Tenían título profesional, pero no eran un equipo.

Solo uno de los hijos de Raúl, el más rebelde, el que no quiso estudiar jamás, el “fracasado” de la familia, logró sacar adelante una de las ferreterías y convertirla en un próspero negocio que hoy se está duplicando día a día.

El legado que este empresario NO dejó fue la integridad, el respeto por los que amas, liderazgo, enseñar principios con el ejemplo y ser honesto. El tipo era una máquina para trabajar, pero no supo lograr que su familia sea familia….

Gracias a Carlos Lancot

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