Mentalidad Empresarial

Cuando las emociones suben, la inteligencia baja

Todo, absolutamente todo en la vida, son decisiones. Lo acepte o no, su vida es resultado de las decisiones que ha tomado. Quiere decir que, si sus resultados son negativos, es porque ha tomado malas decisiones.

Es la lógica: malas decisiones, malos caminos, malas acciones, malos resultados. El éxito, por tanto, consiste en aprender a tomar las mejores decisiones. Y eso, sin duda, requiere un absoluto dominio de las emociones.

La literatura de la inteligencia emocional nos demuestra que “mientras más enojados estamos, más brutos somos.” Cuando la ira, el enojo, la furia, los nervios, nos dominan, la razón se nubla.

Personas que cuando están molestas dicen algo que nunca debieron decir.

Personas que cuando están enojadas lanzan palabras hirientes.

Personas que cuando están enojadas hacen cosas de las cuales se arrepentirán por el resto de su vida…

Se dejaron llevar por las emociones. De hecho, existe un viejo consejo, muy popular y muy acertado, que literalmente dice: “no prometas cuando estés feliz, no respondas cuando estés enojado, no decidas cuando estés triste.” Eso debido a que, principalmente, cuando las emociones están en todo su esplendor, nuestro juicio está disminuido.

En materia financiero esto se ve reflejado todos los días. El manejo del dinero tiene un gran componente emocional. Esto es algo que debemos subrayar: “el modo en que gestiona sus emociones, define el modo en que gestiona su dinero.”

La palabra clave es GESTIÓN de las emociones. No controlarnos, sino gestionarnos.

Permita que le relate una breve historia:

Un tipo migró a otro país porque su hermano le había conseguido un buen trabajo. “ven acá – le dijo el hermano-. Acá hay trabajo, te quedas en mi cuarto y ahorras plata.” Y así fue, el tipo se fue y, tal cual, fue alojado donde el hermano y el empleo estaba esperándolo. Pero luego, con el pasar de los días, los dos hermanos tuvieron una discusión. El hermano que recién había llegado, dominado por un orgullo insano, renunció a su empleo y se fue a otra ciudad donde un amigo le había prometido ayudarle a encontrar “un mejor trabajo.” Cuando el joven llegó a esa otra ciudad se dio cuenta que las cosas no eran como el amigo le había dicho: la ciudad era más cara, la gente era déspota, el empleo era más duro y el pago injusto. ¿Qué hizo que nuestro amigo deje algo bueno para ir por algo peor? Malas decisiones. Decisiones apresuradas. Decisiones tomadas con el hígado y no con la cabeza.

Lo mismo pasa con el dinero…lo malgastamos emocionados por algún capricho. Compramos algo porque nos hacemos de la idea de que “lo necesitamos.” Los viejos maestros decían: “juicio, ante todo, tener buen juicio…”

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Juan Carlos Atoche

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