Saltar al contenido

Después de morir su hijo, él escribió 10 reglas. Todo padre debería leerlas

Sin lugar a dudas, la muerte de un hijo debe ser una de las pruebas más difíciles y dolorosas que deban pasar los padres de familia.

Este acontecimiento que va en contra del orden de la naturaleza, pues la lógica nos hace creer que los viejos están más cerca de la muerte por ser mayores, y ese criterio nos aleja de cualquier insinuación que nos haga pensar que un hijo se irá antes que nosotros, y lo peor es que jamás estaremos preparados para algo así.

Como muchos padres que han perdido un hijo, Richard Pringle vivió el mismo sentimiento de pensar que nunca podría recuperarse de la muerte de su pequeño hijo Hughie de tan sólo tres años.

Es imposible que la pérdida de un hijo no deje secuelas en la vida de un padre, este hecho lo transforma para siempre, explica el psicoanalista Christophe Fauré.

Quisiera desaparecer de este mundo, pero eso no quiere decir que no podrá recuperarse. Es posible, aun teniendo ésta herida dentro, lograr en algún momento volver a encontrar la felicidad en nuevos proyectos y eventualmente en otros niños.

Richard Pringle compartió en Facebook su dolor y trató de transformarlo en 10 consejos y reflexiones con la esperanza de que ayuden a otros padres que estén pasando por lo mismo.

#1. El dinero no importa. No te fijes en cuánto dinero gastas, porque eso no es lo importante. Los recuerdos que quedan son los de sus caritas de alegría y asombro con un regalo recibido o un hermoso momento compartido.

#2. Lo pequeño es lo más grande. Un hecho intrascendente como desayunar a la mañana o llevarlos al colegio, puede ser un recuerdo que se atesore para siempre. No dejes pasar la oportunidad de compartir una película o un juego.

#3. Siempre hay más amor para dar. El amor de los padres es infinito y no hay nada mejor que demostrarlo precisamente por ser inmenso. Nunca dejes de decirles a tus hijos cuánto los amas.

#4. ¡Diviértete! Actúa en todo momento como si ese momento fuera único e irrepetible. Ríe con tu hijo, corre con él, juega. Si un día no estuviera, lamentarías no haberlo hecho. Pensar en su risa y en cuanto disfrutaba algo que hacían juntos es un consuelo enorme.

#5. Escribe sobre cualquier acontecimiento. Anota historias y anécdotas con tus hijos. Hechos importantes que te sirvan como recuerdos y que incluso les sirvan a ellos mismos como recuerdos. Las vivencias del pasado pueden volver al presente y recordarse mejor cuando las tenemos escritas.

#6. Conserva recuerdos. No importa si es el mejor escenario, no importa si es en la playa, en el jardín o en cualquier otro lugar. Siempre guarda fotos y vídeos en donde plasmes momentos felices. No sabes si eso algún día pueda ser alguno de tus recuerdos más preciados.

#7. Cada instante con tu hijo es invaluable. Sin importar el momento o las circunstancias, cada instante que pasas con tus hijos no tiene precio. Desde un juego en la plaza o una cena cualquiera de cualquier noche, cada minuto que compartes con ellos es único.

#8. El beso de las buenas noches. Cuando te despidas de tus hijos cada noche no olvides abrazarlos y darles un beso con un tierno “hasta mañana”. Nunca sabes si el destino querrá que ese sea el último beso o el último abrazo.

#9. Las canciones del recuerdo. Muchos de los recuerdos imborrables tienen que ver con la música. Cuando escuchamos esa canción que nuestro hijo cantaba, es de las cosas más importantes que atesoro. Una canción puede ser un recuerdo simple, pero siempre estará allí.

#10. ¡El tiempo no espera! No dejes para otro momento compartir cualquier actividad con tus hijos. Andar en bicicleta, ir al parque, acampar o armar un castillo de arena en la playa. Tal vez un día sea tarde para hacer todas estas cosas. ¡No pases tu vida trabajando!

Lamentablemente Richard aprendió de una manera cruda y terrible, hasta qué punto debemos valorar los más mínimos detalles.

Hacerles saber a nuestros hijos que los amamos y que siempre estaremos allí para ellos, no tiene precio.

Comentarios

menú