Desarrollo Personal

El que todo agradece, todo merece

¡Gracias, gracias, gracias!

Un señor era ciego de un ojo; Como comúnmente se dice, el hombre era tuerto. Entonces todos los días se quejaba con Dios:

“¡Dios!, ¡Dios! … ¿por qué a mí?”

“Dios… ¿qué estaré pagando para que me castigues así?”

“Por favor… no quiero ser tuerto.”

“Si tan solo tuviese visión en los dos ojos, otra sería mi vida…”

Y así, día tras día el hombre se quejaba y se quejaba. Hasta que un día el hombre salió al campo y ocurrió un accidente: perdió el único ojo que le quedaba.

¡Ahora ya no era tuerto…ahora era ciego total!

Allí está. – le dijo un amigo. Dios te hizo caso: Tanto que pedías no ser tuerto, ahora eres ciego completo.

A veces nos la pasamos quejándonos, reclamando, haciéndonos las víctimas y no miramos lo que nos sucede como una bendición. Escondida en toda situación adversa hay una oportunidad. Un beneficio mayor. Al tuerto nadie le dijo que “en grupo de ciegos, el tuerto es el rey.”

Una vez un judío nos dijo: “a veces no tienes lo que quieres, porque no quieres lo que tienes. El eterno ya sabe lo que nos falta, ya sabe de nuestras angustias… no hace falta que se las digamos, solo debemos mostrar agradecimiento por lo bueno que nos ocurre, por lo bueno que tenemos… Agradece y él te añadirá conforme tu capacidad.”

 

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