Historias y Reflexiones

La amistad no se cobra, el cariño no se pide y el amor no se mendiga

Tener que quedarse esperando palabras, gestos, comportamientos, tener que recordar nuestra existencia a alguien es demasiado humillante. Nadie merece esto, menos aún quienes entregan todo de sí mismas.

Hay ciertas cosas que no necesitarían de palabras, tampoco de ser recordadas, de tan obvias que son. Pero pasamos la vida recordando a algunas personas de lo que ellas deberían ya tener como hábito y eso cansa, disminuye, sacudiendo la autoestima de cualquiera.

Si vamos a tener que andar recordando a los demás lo que es tan obvio todos los días, y en todo instante, ¡enloqueceremos!

La amistad no se cobra.

La amistad no debería ser cobrada. Tener que correr atrás todo el tiempo de la persona, mientras ella ni recuerda que la gente existe, humilla la paciencia mínima de un ser humano. Cuando tenemos que, sólo nosotros, mandarnos mensajes, llamando, invitando a buscar, es hora de repensar todo aquello, porque, probablemente, la amistad sólo existe en nosotros. Tal vez por parte del otro, definitivamente, no siente amistad.

El cariño no se pide.

El cariño no debería ser pedido, sino espontáneo, verdadero, necesario en quien oferta, tanto como en quien recibe. Cariño no sólo se trata de tacto, porque la gente se siente amada principalmente por las actitudes del otro, por la forma en que nos hace sentir, incluso de lejos. Tener que quedarse cobrando palabras, gestos, comportamientos, tener que recordar nuestra existencia a alguien es demasiado humillante.

El amor no se mendiga.

Amor que se mendiga es todo, menos amor. Es lo contrario de amor, es lo que contraría el amor en sí. Los sentimientos vienen de dentro y transpira por todos los poros, materializándose en el encuentro que transforma, en el calor que motiva, en la certeza que calma, en el abrazo que reinicia. El amor necesita expandirse, necesita ser expresado, dicho, oído, vivido, sin melindres, sin rodeos. Si hay carencia de uno u otro lado, no hay reciprocidad, entonces, no hay amor.

Nuestra supervivencia en mucho dependerá del discernimiento entre lo que es lucha digna y lo que no es más que insistencia servil. Luchar por lo que queremos no significa implorar por atención, por amistad, por cariño, por amor. El dolor de la conciencia sobre quien no está más juntos siempre será una oportunidad de recomenzar. El dolor de la soledad acompañada, sin embargo, jamás nos hará dignos de sentimientos verdaderos y recíprocos.

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