Mentalidad Empresarial

Las lecciones de Chespirito en el campo empresarial

Roberto Gomez Bolaños, como otros grandes compositores, decía que “la genialidad está en la sencillez”. Por eso tuvo éxito como uno de los más grandes guionistas de nuestro tiempo.

Aunque algunos intenten menospreciar su trabajo o quieran reducirlo a los programas sin valor, Chespirito tenía una gran habilidad para CREAR. ¿Pero de dónde creaba? ¿cómo se inspiraba?

Primero, era un hombre atento al mundo y particularmente al humor británico, del cual se inspiró mucho. De hecho el nombre <chespirito> viene de William Shakespeare.

El chavo del ocho comentó que un director cinematográfico, muy amigo suyo, le dijo que él era un William Shakespeare pequeño. Se lo pronunció en diminutivo. A partir de allí, él, con su enorme olfato latino, lo adaptó y se puso “chespirito.” Así el nombre sería más entendible y pronunciable.

Segundo, adaptar y recrear. Y usar la ironía, que es de donde viene el ahora famoso “trolleo”. Por ejemplo, hay un episodio que no pasa de dos minutos y que es toda una pieza de genialidad humorística. En ese episodio pareciera que Don Ramón está jugando al avioncito. Entonces entra Doña Clotilde, la famosa bruja del 71, y se sorprende de ver a su “monchito” jugando.

“ay, don Ramón.- le dice en tono coqueto- no me diga que a sus años está jugando al avioncito.”

“Mire – le responde molesto don Ramón.- en primer lugar, ni estoy jugando al avioncito, ni tengo tantos años como cierta persona que yo conozco y que no quiero decir quién es, pero que estoy viendo en este momento.”

Si lo dice usted por mí – responde molesta la bruja del 71 – ya le dije que acabo de pasar los 40.

Del segundo tiempo, contesta don Ramón.

“Escúcheme bien, don Ramón – dice ella – no dudo que en algún momento llegué a sentir por usted algo más que una simple estimación.” Luego prosigue muy molesta: “pero ahora pienso que, si yo fuera su mujer, el primer día de casados le pondría veneno en el café.”

Y justo allí es que viene el troleo de Don Ramón, quien con un cigarro en la mano le responde:
“pues si usted fuera mi mujer, ME TOMARÍA ESE CAFÉ”.

Esa escena tiene un elemento del humor inglés y de hecho ocurrió. Fue una escena real. La historia registra que en cierta ocasión el ex primer ministro de Reino Unido, Winston Churchill, debatía en el parlamento acerca del incremento del precio de los alimentos. Entonces una parlamentaria opositora, en pleno debate, se paró de su asiento y tomó la palabra:

Señor, Churchill.- dijo ella.- tan odioso es usted que si fuese mi esposo, en el primer día de matrimonio le pongo veneno en los alimentos.

Y él contestó con ironía: “señora mía, si usted fuese mi esposa, yo me como esos alimentos.” Con esa respuesta le sacó risas a todo el parlamento y a la opositora la enfureció más.

En tiempos en los que abunda el copia y pega, el plagio, conviene hacer como Chespirito: recrear, adaptar, reinventar. Mirar lo que ocurre en otros lados y ver cómo lo adaptamos o lo recreamos acá.

Un señor, empresario hotelero, me decía la vez pasada que le gustaba viajar para ver qué había en otras ciudades. “si me quedo encerrado en mi sitio no me inspiro.”, comentó.

Todos los viajes son buenos y hay mil modos de viajar… puedes viajar en aviones, en barcos, en trenes y en carros; puedes viajar en la web o a través de libros. Y a través de la historia puedes viajar al pasado. Viajar, abrir los ojos, estar atento a lo que ocurre en otros lados, y RECREAR. Hacerlo simple. En su libro “Roba como un Artista”, Austin Kleon, recuerda aquel pasaje de Eclesiastés que dice: “no hay nada nuevo bajo el sol.” El mérito, el gran mérito, está en recrear, reinventar, adaptar. Lope de Vega, un gran dramaturgo, se preguntaba y se respondía a sí mismo: “¿cómo compones? Leyendo – respondía. – y de lo que leo copiando, y de lo que copio, borrando, y de lo borrado, escogiendo y de lo escogido, creando.” No preguntes cómo inventar la pólvora, mejor pregúntate qué nuevos usos le puedes dar a la pólvora.

Finalmente, hay personas que dicen que el éxito de Chespirito fueron los personajes. “El chavo no sería el chavo sin Kiko y sin Don Ramón”, afirman algunos. Es cierto que esos personajes son inolvidables. Pero eso sería entrar en el terreno de lo ucronico, que es ponerse a crear teorías para explicar lo que hubiese pasado si es que se hubiesen dado tales o cuales circunstancias. Es cierto que la genialidad individual de cada actor sumaba una importante cuota de éxito al programa, pero la clave era el guion. Esto se puede ver con claridad al observar que Don Ramón y Kiko tuvieron su propio programa en otro país, pero no tuvieron éxito.

 

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Juan Carlos Atoche

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