Mentalidad Empresarial

Los líderes hablan con el corazón, no con la boca

La fuerza de un buen discurso no reside tanto en la elocuencia, sino en los sentimientos que despierta. Naturalmente, para despertar sentimientos hay que hablar con sentimiento.

El corazón habla un idioma universal que no admite mentiras: una cosa es hablar de mente a mente, y otra de corazón a corazón. A la mente si le interesa escuchar las palabras y su ilación, probablemente la entonación y otros recursos propios de la oratoria. Pero para el corazón esos recursos pasan a segundo plano: delante suyo puede estar hablando alguien que sufre de tartamudez o que es de escasas palabras, pero sus motivaciones conmueven y su sinceridad, su pasión, se sienten. ¿Quién es el que convence? El segundo. El primero puede tener la razón, pero el segundo tiene la emoción… y, como bien se sabe, los seres humanos somos profundamente emocionales.

Pongamos algunos ejemplos. Vayamos a la India de Gandhi y situémonos en aquellos años de lucha. El pueblo indio sufría la violencia, el maltrato, el abuso. Y cuando muchos proponían responder con la misma moneda, el profesor Gandhi proponía una lucha diferente: promover la paz, sin azuzar la violencia. Entonces el pueblo indio, que estaba recobrando su sentido de la dignidad nacional, debía elegir uno de dos caminos: o responder a la violencia con más violencia, o buscar la independencia mediante la desobediencia pacífica.  La primera propuesta, que suena lógica, enardecía los ánimos: “Vamos a vengarnos.” “nuestros enemigos tienen que morir.” “tiene que pagar lo que nos han hecho…” Y luego estaba la inmensa figura de Gandhi, que, sin ser un gran orador, les parecía decir: “Nos golpeen lo que nos golpeen, nunca responderemos igual.”  En una de sus intervenciones, dijo: “Hay causas por las que estoy dispuesto a morir, pero ninguna causa por la que esté dispuesto a matar.”

Detengámonos aquí por un momento y analicemos con especial tacto la declaración de Gandhi: “Hay causas por las que estoy dispuesto a morir, pero ninguna causa por la que esté dispuesto a matar.” Esa declaración, señores, es una declaración profundamente emocional y tiene como base las convicciones de Gandhi. Eso hace un buen líder: habla y actúa no en función de lo que la gente quiere escuchar, sino en función de lo que dicen sus más elementales convicciones. “Hay causas por las que estoy dispuesto a morir, pero ninguna causa por la que esté dispuesto a matar.” La fuerza de la sinceridad, el amor a la vida y el respeto a ese principio, esa es la clave del Profesor Gandhi, que parece haber dicho: “si alguien va a tener cargos de conciencia, que sean ellos, nosotros NO.”

Si usted quiere lograr algo, vaya a sus convicciones. A sus motivaciones principales. Hable con el corazón. El corazón no sabe mentir, conmueve y atrae. Se dice que, en cierta ocasión a la Madre Teresa de Calcuta, figura con la que muchos pueden estar en desacuerdo pero que es de un liderazgo innegable, fue invitada a participar en una marcha contra la violencia.

“Nos gustaría que usted encabece esta marcha,” le propusieron.

“yo no marcho contra la violencia, sino por la paz”, contestó ella.

Su enfoque no era contra algo, era POR ALGO. En positivo, siempre. Hablando con sus convicciones, con sus principios…

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Juan Carlos Atoche