Historias y Reflexiones

Los lugares más ricos del mundo no son las minas o los bancos, son los cementerios

Todo ser humano tiene un propósito, pero muchas veces muere sin descubrirlo. El Dr. Myles Munroe lo expresó de la siguiente manera: “la tragedia más grande de la vida no es la muerte. Hay algo más trágico que la muerte y eso es: vida sin propósito.

Es más trágico estar vivo y no saber por qué, que el estar muerto y no conocer vida.” Señores, la mayoría de los seres humanos viven como autómatas, como si por dentro se estuviesen apagando. Viven para pagar deudas. Ellos nunca sueñan y si sueñan nunca luchan por sus sueños. La más grande lucha del ser humano no es por dinero, ni por fama, sino por sí mismo. Pero la gente no lucha por sus sueños, lucha por su sueldo. Entonces mueren sin desarrollar sus talentos, sus dones. El Dr. Munroe decía que “los lugares más ricos del mundo no son las minas, sino los cementerios. Allí hay libros que no se escribieron, canciones que no se cantaron. La gente se fue a la tumba llevándose su mayor tesoro: su sueño.” Al respecto, quiero recordarle una vieja historia sobre El Fósforo y la Vela, porque es una historia que refleja que cada uno de nosotros tiene una misión, un propósito, un ideal o una razón para vivir. Porque, como alguien dijo, “vivir con propósito es la única forma de vivir. Lo demás es simplemente existir.”

El fósforo le dijo a la vela:

Hoy te encenderé.

¡Oh no!, dijo la vela, tú no te das cuenta que, si me enciendes, mis días estarán contados; no me hagas una maldad de esas.

¿Entonces tú quieres permanecer así toda tu vida? ¿Dura, fría y sin haber brillado nunca? preguntó el fósforo.

¿Pero tienes que quemarme? Eso duele y, además, consume todas mis fuerzas, murmuró la vela.

Entonces respondió el fósforo:

¡Tienes toda la razón! Pero esa es nuestra misión. Tú y yo fuimos hechos para ser luz y lo que yo como fósforo puedo hacer es muy poco, mi llama es pequeña y mi tiempo es corto. Pero si te paso mi llama, habré cumplido con el propósito de mi vida; yo fui hecho justamente para eso, para comenzar el fuego.

Ahora, tú eres una vela y tu misión es brillar. Todo tu dolor y energía se transformará en luz y calor por un buen tiempo.

Oyendo eso, la vela miró al fósforo que ya estaba en el final de su llama y le dijo:

¡Por favor, enciéndeme!

Y así produjo una linda y brillante llama.

Así como la vela, a veces, es necesario pasar por experiencias duras, experimentar el dolor y sufrimiento para que lo mejor que tenemos surja, sea compartido y podamos ser LUZ.

Recuerda que “mar calmado no hace buenos marineros”, los mejores son revelados en las aguas agitadas.

Entonces, si tuvieras que pasar por la experiencia de la vela, recuerda que servir y compartir el amor es el combustible que nos mantiene vivos.

¡Tú, que fuiste hecho a imagen y semejanza de Dios, eres la luz del mundo y tu misión es irradiar esa luz!

Dios te bendiga.

Nunca olvides que siempre debemos ser luz… Una luz que guíe, no que opaque o ciegue.

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Juan Carlos Atoche