Mentalidad Empresarial

Los secretos de los chinos para hacer dinero

Sobre los chinos que han llegado a Latinoamérica se han levantado una serie de leyendas y, sin embargo, al observarlos existen muchas lecciones empresariales.

Cheng es un muchacho que llegó a Perú procedente de una región del Sur de China. Su familia, azotada por la pobreza que todavía golpea a muchas provincias del gigante asiático, está viniendo uno por uno. Cheng no tiene profesión alguna y parece un muchacho determinado: con 1.60 de estatura, contextura delgada y un color pálido, cree que puede triunfar y ha empezado lavando platos. Cuando los chinos llegan al Perú una de sus primeras opciones es abrir un Chifa, que es un restaurante que fusiona la comida local con la comida de su país. Entonces Cheng ha llegado al chifa de un paisano suyo, quien a cambio de que lave platos le ofrece algo menos que el sueldo mínimo, techo y comida. En teoría tiene un horario, pero en la práctica el horario no existe.

Los chinos se dan la mano el uno al otro. Mientras Cheng se familiariza con el nuevo país, aprende algunas de las palabras principales y se adapta al nuevo ritmo, tiene que juntar dinero para abrir su propio local. Sus paisanos lo ayudarán con una condición: luego él tiene que ayudar a más paisanos suyos.  Al cabo de año y medio, tras haber ahorrado un capital, Cheng alquila un local y, con las sillas, mesas y algunas ollas que le ha regalado su antiguo jefe, pasa a las filas de los emprendedores.

Los chinos tienen muchos secretos que aplican para salir adelante. En el conocido barrio chino uno de ellos dijo, en su clásico modo de hablar, que “el problema del latino es que gana 1000 pero gasta 2000. En cambio, nosotros los chinos ganamos 1000 y guardamos 500.”

Claramente, la vocación de ellos cuando quieren salir adelante es AHORRAR para luego INVERTIR. Otro clásico consejo chino dice que cuando vayas a abrir un negocio, “antes de comprar algo nueva mira quien te puede regalar, y si no hay quien te lo pueda regalar, mira a quien usado se lo puedas comprar.” Lo aplican para negocios de puerta abierta porque ellos creen que cuando se empieza, se tiene que empezar ahorrando lo máximo posible. El chino promedio dice algo que puede sonar crudo, pero es real: “yo tengo que hacer negocio y no que conmigo hagan negocio.” No quiere nada nuevo, quiere empezar.  Creen a toda convicción que “deben empezar donde están y como están”, y que ya en el camino, conforme vayan avanzando, deberán ir RE INVIRTIENDO.

Otro de sus grandes secretos es el “guanxi”, un término que hace referencia a la importancia de hacer redes, contactos e influencias. Al chino promedio no le importa saber cuántos conocimientos tienes, sino a quiénes conoces. Para ellos los contactos son llaves maestras que pueden abrirte nuevos horizontes. Naturalmente, sucede dentro de las colonias chinas. Tener conocidos y ayudarse entre ellos, es algo valioso, igual o más que una gran inversión de negocios. Aquí lo vital es comprender que para el migrante asiático un paisano en tierras ajenas es un familiar y hay que echarle la mano. Por eso cuando ellos tienen una vacante de trabajo, una oportunidad, primero miran entre los suyos para ver si hay alguien a quien le pueda servir. El chino cree que el que ha nacido para el negocio necesita un buen contacto que lo empuje al ruedo y que el que no tiene ambición se conformará con su plato de comida. Por eso la traducción de uno de sus proverbios más famosos diría más o menos así: “Tal para cual, Pascuala con Pascual.”

 

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