ActualidadHistorias y Reflexiones

“Soy el dolor de espalda de mi viejo”, la carta de un joven que se recibió de licenciado en química

La conmovedora carta de un joven, en agradecimiento a sus padres. Cómo dice en la Biblia: Honra a tu padre y a tu madre, que es el primer mandamiento con promesa; para que te vaya bien, y seas de larga vida sobre la tierra”.

La realidad de los jóvenes en la actualidad, nos dice que sus costumbres y actividades han cambiado. Muchos jóvenes no son capaces de reconocer el esfuerzo que muchas veces tienen que hacer sus padres para cubrir todas sus necesidades. Tal vez el darles todo desde pequeños sin explicarles antes el valor de lo concedido, hizo en ellos crecer la indiferencia y desprecio hacia lo material, pensando erróneamente que los padres están en la obligación de darles todo lo que ellos demanden.

Tal vez no esté mal que los padres cubran todas las necesidades de los hijos, es más, es nuestra obligación darles alimento y un hogar donde poder vivir. Sin embargo, cuando se trata de cosas materiales, lo importante es enseñarles que, para poder cumplir su pedido, antes se ha tenido que trabajar y hacer un gran esfuerzo para lograrlo.

Ahora, cuando hablamos de educar a nuestros hijos, sabemos que esto es parte de su desarrollo. La educación comienza en el hogar (con los valores) y continúa en la escuela (conocimientos). Pero, la educación universitaria requiere de un esfuerzo aún mayor, son años adicionales a la escuela que serán cubiertos por los padres (en el mayor de los casos), sin embargo, este sacrificio, muchas veces duro e imposible de cumplir por los padres, es pocas veces reconocido por los hijos.

Un caso que ha llamado la atención de muchos, es el de Christian Amarilla, un joven de 26 años que se graduó de licenciado en Química, y que días después escribió una dedicatoria a sus padres en Facebook y cuya historia ha comenzado a viralizarse.

Él vive en Ingeniero White, una localidad al sur de Bahía Blanca, en un hogar muy humilde con dos de sus cinco hermanos. En el año 2010 culminó la secundaria en la Escuela de Educación Técnica N°1 Ara General Belgrano. Al año siguiente, se inscribió en la Universidad Nacional del Sur para seguir la carrera de química.

Christian Amarilla postuló para recibir una beca que otorga la Fundación Cecilia Grierson y que financia la Compañía Mega. Se presentaron treinta jóvenes y él resultó ser uno de los 5 ganadores.

Su padre es Cecilio, quien trabajaba como guardián y recorría más de 30 kilómetros al día en bicicleta. Por la tarde, se iba a un cementerio a limpiar y a hacer seguridad. Dormía tan solo cinco horas diarias. Su madre Marta, era desempleada y se dedicaba a las labores domésticas.

“Esos primeros años fueron difíciles. Vivíamos el día a día, costaba mucho. Comíamos una sola vez al día y después era alimentarnos con té. Eso duró varios años hasta que mi viejo consiguió trabajo en una cooperativa. Si bien no era mucha plata, pudo descansar un poco”, dijo el joven químico a Infobae.

A continuación, la carta del joven licenciado:

Soy la bolsa de pan con mermelada que me daban las porteras al terminar la escuela para que me lleve a mi casa.

Soy el club de barrio que me permitió entrenar básquet durante 11 años sin cobrarme cuota social y pagándome el transporte para pueda ir a los partidos. También soy los botines de fútbol 5 que usaba de niño para jugar al básquet por no tener otras zapatillas.

Soy ropa prestada de mis amigos para salir a bailar.

Soy las actividades que hicieron mis compañeros del secundario para pagarme el viaje de egresados.

Soy el bulling que sufrí en a la adolescencia por tener la piel más oscura que el resto.

Soy los 30 kilómetros en bicicleta que hacía mi viejo todos los días para ir a dos trabajos por migajas de pan. Soy el dolor de espalda que hoy siente por las noches por tener que seguir laburando a pesar de su hernia de disco, soy también sus calambres.

Soy los inventos de mi mamá para que un arroz blanco sea el plato más delicioso del mundo. Soy la preocupación de ella cuando de pibe llegaba tarde a casa, y también su ocupación para que yo siga estudiando a medida que fui creciendo.

Soy el hambre que pasaron muchas veces los dos, para que yo y mis hermanos comiéramos la poca comida que había.

Soy la beca que me dio la oportunidad de ir a la Universidad. Soy carpetas prestadas. Soy el tiempo que me regalaron mis amigos preparándome para que llegue bien a un examen. Soy horas en la sala de lectura.

Soy un machete que hizo que mucha gente me prejuzgue. Soy quienes me buchonearon antes de advertirme que no lo haga.

Soy mis uñas comidas por el miedo y la ansiedad de no llegar a terminar la carrera.

Soy el daño que les provoque a personas que me han querido incondicionalmente.

Para hoy ser “licenciado”, primero tuve que ser todas las otras cosas. Por eso hoy disfruto mucho serlo, porque es muy difícil llegar, y porque a mí particularmente me ha costado un montón.

Que venga lo sea, porque estoy preparado.

Sin duda alguna, la mejor forma de agradecerles a quienes dieron todo por nosotros, “nuestros padres”.

Previous post

¿Hablas contigo mismo muy seguido? No estás loco, te beneficias de estas 10 maneras

Next post

El secreto de una relación exitosa no es el sexo, es el amor y el respeto

Latin Money

Latin Money