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Yokoi Kenji: “No vale la pena hacer trampa”

Los “atajos” llevan a caminos más difíciles, no vale la pena hacer trampa.

Nuestro conocido conferencista, Yokoi Kenji, nacido en Colombia, pero de padre japonés, ha vivido inmerso en la cultura latina y al mismo tiempo japonesa. Recientemente vi un video de una de sus conferencias en el que habla sobre la integridad. No pude quedármelo para mí y decidí compartirles el mensaje tan profundo, claro e indudablemente necesario para nuestra comunidad.

Es urgente que todos nos detengamos y resuenen esas palabras en nuestro interior: ¿Vivo verdaderamente la integridad? ¿Soy una persona íntegra? Porque no podemos seguir exigiendo ni esperando un país, sociedad, maestros y políticos íntegros, si yo tampoco contribuyo a la integridad de mi país.

“El chino” como es conocido en Bogotá comienza la conferencia contando una historia personal que lo dejó marcado.

Historia

Una noche, él iba corriendo a punto de esquivar carros y cruzar un semáforo que estaba en rojo, él pensó: No viene carro, no viene nadie, nadie me ve, entonces me lo cruzo. Cuando llegó al punto del cruce, se detuvo porque estaba una persona. Esa persona era su padre. Comenzó a regañarlo y decirle que se detuviera, mientras el chino le decía que era ilógico que no se pasara si ningún policía ni nadie lo estaba viendo. Su papá le contestó: “Yo me estoy viendo.” Y es que usted puede engañar a su esposa, a sus hijos, al policía, pero no puede engañarse a usted mismo.

Para reflexionar

Para formar una mejor sociedad, la integridad se debería vivir las 24 horas del día, 7 días a la semana. Resuenan en mi la palabra del famoso “chino” cuando repite: “No vale la pena hacer trampa. Si usted hace trampa, ya no está jugando, eso ya no vale.”

Nuestros hijos aprenden el 30% de lo que les decimos, mientras que el otro 70 lo imitan de nosotros. Y les repetimos: No mientas, mentir es malo, pero suena el teléfono, y habla el cobrador de algo que tenemos pendiente y que es lo que le decimos a nuestro hijo: dile que no estoy. Pensamos que vivimos con honestidad e integridad, pero nuestros actos denotan lo contrario, cuando sabemos bien, que no hay mejor manera de enseñar que con el ejemplo.

Cambiemos de una vez, decidámonos a ser íntegros, más allá de las “mañas” o costumbres aprendidas, de la comodidad, y decídete a hacer las cosas bien. Cuando crecemos con principios y nos esforzamos por vivirlos, comenzamos a hacernos fuertes en ellos.

Tengamos en cuenta que los valores se aprenden en casa, los primeros maestros somos los padres y que casi siempre la corrupción nace en un núcleo llamado familia, cuando abandonamos nuestros principios. No tomes cosas que no sean tuyas, no seas ventajoso, no realices ese acto que denigre tu integridad.

“Hay una gran diferencia entre ser íntegro y honesto”.

Honestidad habla de lo que yo hago, integridad habla de lo que yo soy; Honestidad habla de lo que yo digo, integridad habla de lo que yo pienso; Honestidad habla de mis actos públicos, integridad habla de lo que yo hago, aunque nadie me esté viendo;

La honestidad es buena, pero necesitamos con urgencia líderes jóvenes que se comprometan en su integridad.” Yokoi Kenji.

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